La conveniencia de los pagos sin contacto ha revolucionado el ecosistema financiero en América Latina, impulsando la adopción masiva de la tecnología NFC (Near Field Communication) para transacciones rápidas. Sin embargo, este crecimiento viene acompañado de una sofisticación creciente en las amenazas de ciberseguridad, destacándose recientemente una modalidad de fraude conocida como skimming por proximidad.
Este tipo de ataque explota la naturaleza de corto alcance del NFC y del RFID (Radio Frequency Identification). Mientras que las tarjetas con chip tradicionalmente requieren contacto físico con el POS, las tarjetas ‘tap-to-pay’ emiten constantemente una señal de radio de baja potencia que puede ser capturada o interrogada por un dispositivo lector malicioso a corta distancia, incluso a través de la ropa o una billetera común.
El fraude de skimming NFC se manifiesta de dos maneras principales. La primera es el robo de información básica del titular y el número de la tarjeta, lo que puede ser utilizado posteriormente para fraude en línea. La segunda y más preocupante es la realización de microtransacciones no autorizadas. Muchos sistemas de pago sin contacto permiten transacciones de bajo valor sin requerir la introducción del PIN, lo que permite a un atacante, al pasar cerca de la víctima con un lector oculto, drenar pequeñas sumas repetidamente.
Para el mercado regional, donde la confianza en las nuevas tecnologías de pago es vital, la respuesta debe ser tanto tecnológica como educativa. Las entidades financieras están invirtiendo en sistemas de tokenización, donde los datos sensibles de la tarjeta se sustituyen por un código único (token) para cada transacción. Las billeteras digitales como Google Pay o Apple Pay utilizan esta tecnología, ofreciendo una capa de seguridad superior frente al simple uso de la tarjeta física.
Desde la perspectiva del usuario, la defensa física sigue siendo crucial. La adopción de carteras o estuches que incorporan materiales de bloqueo RFID/NFC se ha convertido en una medida preventiva esencial. Estos materiales actúan como una Jaula de Faraday, impidiendo que la señal de la tarjeta sea leída de forma remota. Además, es fundamental monitorear constantemente los extractos bancarios para detectar cualquier movimiento inusual, aprovechando las alertas de transacción que ofrecen la mayoría de los bancos argentinos y latinoamericanos.
A medida que la infraestructura de pago en LatAm evoluciona hacia una mayor digitalización, la prevención y la inversión en soluciones de seguridad robustas, tanto a nivel de hardware como de software (tokenización), son imprescindibles para proteger a los consumidores de esta creciente amenaza de proximidad.
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